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La Coctelera

escuchoconlosojos

20 Noviembre 2011

BARUC EN EL RÍO, Rubén Abella

Hoy, después de tantos años, desde la perspectiva clara e inútil de lo sucedido, resulta fácil leer los signos. (...) Como en el río, Baruc percibía los cambios, pero no alcanzaba a intuir qué decían.

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Siempre he querido a mis padres, aunque debo admitir que no empecé a conocerlos bien hasta que, ya de adulto, me puse a indagar para escribir esta crónica.

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Es más fácil ocultar el desencanto que la dicha, y desde que tengo uso de razón yo siempre los recuerdo contentos, dueños de una alegría serena, sin aspavientos, que nos iluminaba a todos...

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Si algo he aprendido en la vida, es que las cosas rara vez suceden de repente. Por lo general las intuimos. Las vemos venir. Y aun así dejamos que nos aplasten.

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Diagnóstico, escribió: "Trastorno evidente de la conducta". Se equivocaba, pero no era el único. En realidad todos lo hacemos. Da miedo echar la vista atrás y pasar revista a muchas de las presunciones que cimentan nuestras vidas.

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A nadie le gusta no existir.

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O puede que, por más que nos empeñemos en creer lo contrario, los sueños no quieran decirnos nada.

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Estábamos tan ocupados buscándolo, preocupándonos por él, que no había tenido ocasión de echarlo de menos. Añoré su voz. Su compañía. Su protectora presencia de hermano mayor.

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Privado del motor que lo movía, desprovisto de todo referente, el tío Sócrates dejó los torneos y suiguió siendo quien era. Un hombre frío y desnortado, a quien daba igual ir que venir. (...) Con eso y con lo poco que había ganado en el ajedrez se instaló en una vida vacía. Tenía a su disposición las horas. Los días. Los meses. Pero no sabía qué hacer con ellos.

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Todos pensábamos que llevaba su rareza sin desasosiego, con cierto orgullo incluso. Lo que hizo deja claro que no soportaba ser quien era. (...) Lo que sí puede decirse, por tanto, es que a partir de esa noche el tío Sócrates, el hombre sin voluntad, el español que venció a Bobby Fisher, salió de su letargo y empezó a vivir con los vivos.

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Nada hace más ruido ni despista más que lo accesorio.

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Madre (...) vivía con la incómoda sensación de que se estaba perdiendo algo. De que la vida de verdad sucedía en otra parte. Ese descontento crónico e irracional podría explicar su inveterada afición a los pequeños cambios. (...) Padre era el orden. La existencia encarrilada.

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Que no hay forma de alterar lo que somos. En esencia, morimos siendo la misma persona que éramos al nacer. Pero la antípoda de esa afimación es igual de legítima. La gente sí cambia. Mis padres no son quienes eran antes de que Baruc se marchara.

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Aquella habitación era un paréntesis. Un trozo de vida muerta protegido con escrupulosidad de los zarpazos del tiempo.

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"Un hombre es las cosas que no hace", solía decir, con el orgullo terco de los humildes.

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Se me hace raro decirlo, pero a Madre le sienta bien la aflicción.

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A la tristeza se unió entonces una paz envolvente. La paz de las decisiones tomadas.

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La memoria es una luz inconstante.

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Entonces fui yo quien se quedó sin palabras. Quería decirle tantas cosas. (...) Que sin él todo era silencio

 

 

servido por escuchoconlosojos 1 comentario compártelo

1 comentario · Escribe aquí tu comentario

Kathrine

Kathrine dijo

I think it's a good idea to buy essays and read criticism of this book. You can desided read it or not.

25 Noviembre 2011 | 09:10 AM

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Sobre mí

Retirado en la paz de estos desiertos,
con pocos, pero doctos libros juntos,
vivo en conversación con los difuntos
y escucho con mis ojos a los muertos.

Desde la torre, Quevedo

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