CALIGRAFÍA DE LOS SUEÑOS, Juan Marsé
Torrente de las Flores. Siempre pensó que una calle con ese nombre jamás podría albergar ninguna tragedia.
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Así lo recordarán, aplicado, formal, embebido de futuro. (...) y hasta le complace cruzar decididamente el umbral de lo improbable o lo imperceptible.
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Con la mano yerta sacude la caspa que florece sobre el luto alicaído de sus hombros y se queda pensativo mirando la nada que tiene delante y haciendo extrañas muecas con la boca abierta, comi si fuera a estornudar, luego se encorva, acaricia el lomo de su esmirriada perrita de tres patas, se queda pensando y finalmente pierde el dominio de sí mismo y se le escapa un sollozo.
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La vida de los demás, si los demás no están en las novelas o en las películas, le merece apenas un vistazo por encima del hombro y una consideración aburrida.
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La señora Mir (...) y ese amago de frustración y desengaño que asoma en sus ojos cuanto más de esfuerza por agradar.
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...que vienen del ayer abolido.
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Hombres como sombras que parecían buscar una taberna donde esconderse del mundo.
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Y si pensaba en su anhelo (...) tan exento de pudor, tan indiferente a la maledicencia y al propio ridículo.
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...reclamando atención a su desdicha, a ese merengue amoroso que constituye su vida, a toda esa pringue romántica, arraigada y persistente como la sarna, que constituye su vida.
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Me gustaría vivir en las palabras.
