EL DÍA DE MAÑANA, Ignacio Martínez de Pisón
Ese interés suyo hacía que te sintieras a gusto a su lado. pero luego cada uno se iba a su casa y te dabas cuenta de que él sabía bastantes cosas de tu vida y tú no sabías nada de la suya. Por eso no tenía amigos, amigos de verdad.
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Justo tenía facilidad para contagiar entusiasmo. Se notaba que creía en lo que decía, y era difícil no darle la razón cuando afirmaba que nada podía fallar.
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Hazme caso: no hay peor clasismo que el de los lacayos. Sin dejar de ser unos muertos de hambre, llegan a creer que forman parte de la casta de sus señores: de ahí que se sientan a la vez inferiores y superiores al resto del mundo.
