DECIDNOS, ¿QUIÉN MATÓ AL CONDE?, Néstor Luján
Eran manos de rienda y espada, diestras para lanzar un venablo, para acariciar a una mujer, firmar mansamente un decreto, pero no para empuñar un cetro, ni para alzar el relámpago de sus espada ante su ejército.
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Se había considerado traicionada, prisionera de un ceremonial y de un mundo completamente distinto al suyo. Era una niña, pero se percató inmediatamente de que debía renunciar a cualquier espontaneidad.
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Castilla la Vieja (...) pueblos hondos, obscuros y silenciosos, que vivían de unas tierras definitivamente fatigadas.
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Un rey o una reina sin leyenda no es nada ante la imaginación del pueblo.
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En su despacho severo, adornado con tapices flamencos de batallas navales y ociosas mitologías de armas y laureles, trabajaba el conde de Olivares a la luz del velón.
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...en España no se concebía Madrid sin la presencia estática, casi fantasmal, de los reyes.
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Hidalgos de largas espadas y hambres ciertas.
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A la hora meridiana de la siesta...
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La boca, audaz, bien dibujada, con una sonrisa soberbia, entera y noble.
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Todo cuanto se busca y afana dicen los hombres que es por sustentar su honor. Pues no quiero saber nada de él. Para mí el honor es un mero blasón funeral y con esto termino mi irreverencioso catecismo.
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Quiero decir que, en lo que es verdaderamente amor, los hombres se desengañen; sepan que en las mujeres el amor es una voluntad continuada, que con la vista nace y con la vista crece y con la comunicación se cría y se conserva.
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Padecía la arisca decadencia de los nobles castellanos.
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Gozó toda su vida: no se aburrió jamás. Se olvidó de envejecer. (...) No era capaz de remordimientos, ni de preocupaciones morales. Era un hombre que jamás se planteó la posibilidad de ser desdichado.
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A mí nadie me quita de la cabeza que al conde de Villamediana, por infinidad de razones, lo ha matado un especial mundo colectivo. (...) Lo mató la sociedad española, de la que él era reflejo, con todos sus vicios; era un espléndido ejemplar.
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Afuera, en los bosques sombríos, caía una lluvia ya otoñal, tozuda y mansa.
