LA NOCHE DE LOS TIEMPOS, Antonio Muñoz Molina

Tan lejos de Madrid y de las noches de insomnio y miedo de los últimos meses Ignacio Abel aún recuerda en presente. El tiempo verbal no lo cancela la distancia.
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...queriendo borrarse en la sombra.
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Bajará del tren y alguien estará esperándolo y al decir su nombre le devolverá una parte de sus existencia suspendida.
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El alma de las personas no está en sus fotografías sino en las cosas menudas que tocaron, las que tuvieron el calor de las palmas de sus manos.
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Nada real es vago. (...) Nada sucede en un tiempo abstracto ni en un espacio en blanco.
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A un paso de la irrupción del porvenir que lo trastornará todo no intuye su cercanía y no sabe imaginar su espanto.
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En cada frontera habrá alguien (...) que se erige en guardián, en dueño del porvenir de los que esperan.
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No sabe no buscarla.
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Si nadie te reconoce y nadie te nombra poco a poco vas dejando de existir.
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Las voces del pasado, las que lo alcanzan en la huida. (...) Ignacio Abel conjetura que tal vez en el cerebro humano hay un instinto que exige escuchar voces familiares para que la conciencia no pierda su anclaje en la realidad.
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...la inepta lentitud española, la desgana, la hosca resistencia inmemorial a cualquier clase de cambio. Ahora la prisa perdura despojada de cualquier finalidad, como el dolor fantasma que sigue acuciando a quien sufrió una amputación.
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La única tregua es el momento de una partida; la absolución de unas pocas horas o de unos días en los que uno podrá abandonarse sin remordimiento a la pasividad del viaje.
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Ahora sabe que la identidad personal es una torre demasiado frágil para sostenerse por sí sola, sin testigos cercanos que la certifiquen ni miradas que la reconozcan.
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Quiere revivir los pasos que le condujeron sin que él lo supiera a a ese encuentro que fácilmente podía no haberle sucedido.
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...con un impulso de rechazo que él sentirá sobre todo con incomodidad, la que produce la cercanía de la desgracia.
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Le gustaba ese momento de quietud justo al final de la jornada: la quietud honda de los hogares donde se ha trabajado mucho.
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Ignacio Abel conservaba un apego práctico y sentimental por los saberes específicos de los oficios, que se convertirán en rasgos de carácter en cada hombre que los cultivaba.
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...el puro tirón de un porvenir intacto surgido en la infancia y sostenido hasta las primeras claudicaciones de la vida adulta.
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La arquitectura era un esfuerzo de la imaginación, ver lo que aún no existe con mayor claridad de lo que se tiene delante de los ojos, lo caduco, lo que ha perdurado sin más motivo que la obstinación mineral de las cosas, como perdurarán la religión o la malaria, o la soberbia de los fuertes, o la miseria de los despojados de todo.
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Él nunca había sabido participar en un entusiasmo público sin observarse desde fuera.
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Hace falta ambición para que se cumplan los deseos: no puede uno dejar que la incredulidad y la desgana lo carcoman por dentro.
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Nada era más suyo que las cosas de las que se había desprendido; vivir era un estado en suspenso en el que contaban sobre todo cosas ajenas, presencias perdidas.
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Qué sórdido sería que le faltara a uno no sólo el talento, sino también la nobleza, que se hubiera ido dejando intoxicar sin remedio por el rencor del que se hace viejo.
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...no era capaz de sostener la disciplina exigente de la observación.
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...acomodándose a una inercia somnolienta, una abulia de clase media de provincia española.
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La guerra había estado aún muy cerca en la frontera de Francia, en los cafés y los hoteles baratos de París en los que se reunían los españoles , como enfermos congregados por la vergüenza de una infección infame, que al ser compartida entre ellos les parecía menos monstruosa.
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La necesidad demasiado visible provoca rechazo; la vehemencia de una solicitud es la garantía de que no obtendrá respuesta.
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Los objetos que todo el mundo usa a diario y en los que nadie se fija por su invisibilidad, decía, era la medida de su eficiencia. (...) el misterio de las formas prácticas que mejoran la vida.
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La realidad era un laberinto y un laboratorio de objetos prodigiosos, tan habituales sin embargo que uno olvidaba fácilmente que no existían en la naturaleza, que eran fruto de la imaginación humana.
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El profesor Rossman era como un buhonero de las cosas más vulgares y de las más improbables. (...) revelaba la novedad y la sofisticación que permanecen ocultas y sin embargo actúan en lo que ha existido siempre.
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...en la disciplina sin vanagloria de los mejores artesanos.
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la arquitectura de los nuevos tiempos había de ser una heramienta en el gran empeño de hacer mejores las vidas de los hombres.
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En esos momentos todo en él era demasiado intachable como para ser plenamente verdadero.
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...la promesa misma de tantos deseos no cumplidos y muchas veces ni siquiera formulados (...) La vida no podía ser sólo lo que ya se conocía.
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...la probable asimetría del recuerdo: lo que a él tanto le había importado no sería nada para ella.
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...el relámpago de una intuición...
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El suspenso de lo incógnito, la sensación de una posibilidad ilimitada, ya que no volvería a sentirlos como en el tiempo que pasó en Alemania.
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Decepción y conformidad fueron muy pronto rasgos estables de su alma (...) Tedio sin drama.
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Uno no es el mismo cuando está fuera de su país.
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Era una de esas personas imaginativas capaces de disfrutar saludablemente de todo y de agradecer la novedad sin ninguna sombra de recelo ante lo desconocido (...) su equilibrio entre una rigurosa vocación de aprender y una disposición jovial a recibir los dones de lo imprevisto.
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La pintura exige un grado de contemplación que a veces es un problema para las personas activas.
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- Comunista o fascista, me temo. Hay que amar los grandes proyectos y la acción inmediata y efectiva y no tener paciencia con la palabrería, con las dilaciones.
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Somos una nación nueva, comparados con ustedes con los europeos, tenemos simpatía hacia todo lo que sea una ruptura valiente con el pasado. (...) No estaba acostumbrado a la soltura norteamericana para combinar cortesía y crudeza.
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(La guerra) Es una cuestión de proporciones, querida mía, no de casos individuales. (...) Las vidas individuales ahora no contaban, dijo, tampoco las nuestras.
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Sutilmente los materiales se degradan; los bolsillos de quien no tiene domicilio fijo acaban deformándose, porque guarda en ellos demasiadas cosas; unos hilos sueltos son el primer indicio de la siguiente fase en la ruina.
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Qué terror, pensar que en este instante, en esta hora, en no sé dónde, el olvido está trabajando contra mí, deshaciéndome.
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En la mesa familiar hablaba muy alto y no escuchaba a nadie, adoctrinando a sus hijos con consejos imperativos e inútiles que empezaban y acababan siempre en él mismo (...) Cuanto más fuera del mundi iba quedándose más agresivo se volvía.
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...el alivio de una restitución.
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...se abandona al ímpetu del tren, la inercia de ser llevado y no decidir.
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...la patria áspera de los cabreros, los campesinos raquíticos.
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Su barrio de Nueva York había sido así cuando ella era niña, le dijo: pero tal vez con una vitalidad más angustiosa, con una furia más visible.
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- No tomes por exotismo lo que es sólo atraso. (...) A los españoles nos ha tocado la desgracia de ser pintorescos.
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A cada momento se despliegan porvenires posibles que arden como fogonazos en la oscuridad y un segundo después ya se han extinguido.
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Las palabras no son nada, el delirio de los deseos y las fantasmagorías girando en vano en el interior de la dura concavidad intraspasable del cráneo: sólo cuenta el roce, el tacto de otra mano, el calor de un cuerpo, el latido misterioso de un pulso.
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El secreto de la conciencia era un don prodigioso.
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...asombrado de que todo fuera tan fácil, de que algo imborrable hubiera podido suceder sin consecuencias.
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Tenía tan poca experiencia o tan poca capacidad de verdadera instrospección que no imaginaba el acecho probable de la culpa y la angustia; ni siquiera se preguntaba qué estaría sintiendo Judith Biely. No existía para él de una manera autónoma, sino como una proyección de su propio deseo.
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Desleal en secreto...
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De dónde había venido Judith trayendo consigo el vendaval de su novedad (...) miradas de rancios varones españoles vestidos de oscuro en los cafés, en una penumbra excesivamente masculina.
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...las manos que abren las cartas, que recorren igual que la mirada la escritura de la hija, tocando en ella su presencia.
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Con qué facilidad se malbarataba el tesoro del propio alberdrío: no por amor sino por llevar la contraria, por hacer lo que sus mayores le pedían que no hiciera, y lo que por tanto se convertía en la encarnación misma de su libertad.
