LA FORJA DE UN REBELDE, Arturo Barea, vol.III, LA LLAMA
Los vivos que me rodean me convierten en un extranjero, y el recuerdo de los muertos en un fantasma.
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El resto del paisaje, la tierra parda de Castilla cortada en líneas paralelas por los surcos del arado.
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Me marché con un sentido de liberación.
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...en los paisajes desolados de Castilla renacen miedos instintivos y amáis la soledad como una defensa.
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...trámites absurdos, en los que se comprendían certificados de estar casada por la Iglesia, figurar en las listas de los que asistían a misa asiduamente o presentar el certificado del cura de la parroquia de haber comulgado en la Cuaresma. Ninguno de esos requisitos hacía más agradable recibir la caridad, sino sentirse humilaldos.
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Cuando pasó la ola de entusiasmo, la masa de electores se marchó a sus casas y los políticos reanudaron su lucha por el poder. El Frente Popular comenzó a desintegrarse después de la primera sesión de las Cortes. (...) El orgullo de cada partido parecía mucho más fuerte que el sentimiento de defensa común.
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Nuestras órdenes eran más que simples: ¡teníamos que suprimir todo lo que no indicara una victoria del Gobierno republicano! (...) Pero cuando me enfrenté con los periodistas, me encorajinó la seguridad cínica con que daban nuestra derrota por cierta.
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El tiempo había perdido su significado. (...) Cosas vistas y hechas se me aparecían en destellos, pero sin guardar relación alguna con el orden cronológico de los acontecimientos. No podíamos contar las cosas que habíamos vivido, ni Ángel ni yo, sólo podíamos recordar incidentes.
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Lo que ocupaba toda mi imaginación era el entender los impulsos que movían en nuestra guerra a otras gentes y entender el curso de la guerra en sí.
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Terminado el Congreso de Escritores Antifascistas, con sus intelectuales exhibiéndose presuntuosos en el escenario de Madrid en lucha y dedicándose a discutir allí el comportamiento político de André Gide, me sumergí en una especie de estupor.
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Era día de mercado. Mujeres tiesas y rígidas, vestidas en trajes negros polvorientos, estaban sentadas inmóviles tras cajones y tenderetes conteniendo cintas y botones baratos, o detrás de cestas de fruta. Todas parecían viejas antes de tiempo y, sin embargo, sin edad definida, quemadas por el sol despiadado, los hielos y los vientos.
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Esta guerra es una lección. (...) Aunque nos derroten, seremos los más fuertes, mucho más fuertes que nunca, porque se nos habrá despertado la voluntad.
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Admiraban a Rusia por su poder, no como una promesa de una nueva sociedad, y su actitud me daba escalofríos.
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Era verdad que estaba abandonando mi país.
