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La Coctelera

escuchoconlosojos

6 Diciembre 2008

LLEGA UN HOMBRE Y DICE, Nicole Krauss

...con esa compasión que a veces se confunde con la lástima.

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Él quería recuperar aquellos primeros momentos puros, sin referentes, en los que algo le había sido extirpado del cerebro y había ocupado su lugar, como el aire penetra en un vacío, la nada. (...) Era la erradicación total, la desparación de la memoria y de su eco, y eso era lo que Anna no podía comprender, esa falta de nostalgia.

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Aún no sabía cómo salvar la distancia entre él mismo y la otra persona con un contacto, una pregunta.

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Con el sueño llegó el olvido. Allí se sentía él en su terreno.

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Una oscuridad larga y persistente, una pausa prolongada que no podía medirse en años. Y cuando ya parecía que se hacía interminable, acababa, y Samson emergía al otro lado, a la luz clara e inolvidable de la niñez.

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- ¿Sabes? A veces tengo la impresión de que no somos más que una sucesión de hábitos -dijo ella-. Los gestos que repetimos una y otra vez sólo expresan nuestra necesidad de ser reconocidos. (...) Quiero decir que sin ellos no conseguiríamos identificarnos. Tendríamos que volver a inventarnos a nosotros mismos a cada minuto.

(...)

Él sabía lo que Anna se preguntaba: si es posible amar a alguien prescindiendo de los hábitos.

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...enfocando con su linterna los pozos vacíos de su mente.

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Los recuerdos acudían de forma desordenada. Él no sabía por qué una imagen en particular se presentaba en un momento determinado. Saberlo sería tanto como comprender el orden de las cosas.

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En aquellos días, Anna, con sus pequeñas frases, su perfume y los coleteros que se ponía en los dedos a modo de anillos, era como un arañazo, un resplandor, una mancha en su anonimato.

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En realidad, Samson protegía aquel vació que se había creado en el centro de su mente. Su memoria lo había abandonado y, por más que buscaba dentro de sí, durante aquellas semanas no encontraba el deseo de recuperarla. Le parecía que, si de pronto volviera, la rechazaría, y la conciencia de esa renuncia, de ese pequeño acto de desafío, le producía una sensación de libertad. (...) Andaba hacia atrás. Borrando sus huellas.

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...pero las palabras seguían en el aire, suspendidas entre los dos...

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Anna se quedó quieta, con la paciencia de quien se deja palpar por un ciego.

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Pero los grandes candidatos a las miradas insistentes son menos llamativos; se apartan de la norma con un magnetismo sutil y disimulado.

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- ¿A la gente con inquietudes?

- A la gente con una vaga insatisfacción, sí.

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Buscando algo con lo que representar la desolación (...) la llamada de los extraviados.

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- Me parece que leíamos... ahora no recuerdo qué era exactamente, pero trataba de la memoria. Nos hablaste de un ángel del Talmud me parece, el Ángel del Olvido, que tiene la misión de asegurarse de que, antes de cambiar de cuerpo, las almas pasan por el mar del olvido. Que, a veces, también el mismo ángel olvida, y entonces permanecen con nosotros fragmentos de otra vida, que son nuestros sueños.

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...la brasa de un anhelo insoportable.

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La ciencia exige compartir. Si nos empeñamos en cuantificar los conocimientos es para comunicarlos y compartirlos mejor.

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Pensó en lo que representaría que le transfiriesen los recuerdos que Anna tenía de él, sentir lo que sentía cuando lo recordaba. Recordarse a sí mismo a través del recuerdo de ella.

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Le gustaba la idea de despertarla, la intimidad de una intrusión nocturna, oír su voz, suave y desprevenida.

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Puesto que había despertado en el vacío, le producía un oscuro placer seguir renunciando, al hogar, a la esposa, a toda una ciudad, hasta que no le quedara nada.

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Había dado infinidad de veces esa explicación, hasta que quedó reducida a unas cuantas frases, una historia que, como todas las historias verdaderas, perdía algo en cada relato.

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El espacio vacante que posee el niño en sus primeros momentos, cuando la conciencia despierta en respuesta a una pregunta no formulada.

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Quizá, al encontrar por fin la faz calcinada de su propia mente, sintió un vértigo de gratitud. O quizá su mismo ego había sido destruido junto con su memoria, de manera que ya era incapaz de distinguir entre sí mismo y el mundo y, al llegar al desierto, le pereció que se fundía con él. Quizá lo que los policías habían tomado por inexpresividad era el éxtasis de haber alcanzado la libertad absoluta, de haberse convertido en aire.

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¿No crees que amar a una persona es una cosa, pero si ello significa renunciar a esa parte de ti que es solitaria y libre...? (...) Cómo estar solo, cómo permanecer libre y sin anhelos, sin sentirse encerrado en uno mismo.

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Hablaba, en suma, de la desgracia de poseer una mente que comprende que siempre será incomprendida. (...) Pero, por ahora, la verdadera empatía es imposible. Y, mientras lo sea, el individuo seguirá sintiendo la propia existencia como una aventura singular y sufriendo por ello.

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Un tiempo que hay que soportar: aquí, aquí, aquí.

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Quería (...) realizar sus propios experimentos con la naturaleza de la ausencia.

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Hasta mucho después, cuando ya era tarde, no se apercibiría del horror de un futuro en el que los recuerdos pudieran ser usurpados, en el que la zona más profunda de la intimidad pudiera ser invadida y pregonada.

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...sintiendo la vasta soledad del mundo, la soledad que las personas se pasan unas a otras.

 

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Palpar y sentir el mundo, conocerlo de vista y de nombre y luego conocerlo con los ojos cerrados, de modo que cuando algo desaparece es posible reconocerlo por la forma de su ausencia. (...) Porque puedes librarte de todo menos del espacio en que han estado las cosas.

 

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...porque acababa de ocurrírsele que el vacío con que había estado viviendo todo aquel tiempo quizá no fuera en realidad un vacío, sino una soledad ignorada. (...) por intensa que fuese su ansia de ser comprendida, la mente no toleraba más presencia que la propia. El hecho de entrar en la conciencia de otra persona y plantar una bandera quebrantaba la ley de la soledad absoluta que regía esa conciencia. Constituía una amenaza y, quizá, la causa de un daño irreparable para el esencial aislamiento del yo. Una transgresión imperdonable.

 

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Sólo el final era siempre el mismo: él había soltado el lastre de la memoria lanzándose, ingrávido, hacia el futuro, Solo y atónito.

 

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...con la timidez de dos personas que, de pronto, se dan cuenta de lo poco que se conocen la una a la otra.

 

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Quizá alguien estuviera olvidando todo lo que sabía, renunciando a la sombra de una vieja vida, entrando en un vacío nuevo.

 

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Sobre mí

Retirado en la paz de estos desiertos,
con pocos, pero doctos libros juntos,
vivo en conversación con los difuntos
y escucho con mis ojos a los muertos.

Desde la torre, Quevedo

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