LA FORJA DE UN REBELDE, Arturo Barea, vol. I, LA FORJA
Como somos chicos y no podemos ser anarquistas, los guardias nos dejan en el puente cuando pasan.
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Mi madre tiene las manos muy pequeñitas; y como toda la mañana desde que salió el sol ha estado lavando, los dedos se le han quedado arrugaditos como la piel de las viejas, con las uñas muy brillantes.
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Yo creo en Dios y en la Virgen, pero me paso el día rezando...
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- ¿Tú sabes? Mi tía se enfada mucho cuando me ve besar a mi madre, porque quiere que sólo la bese a ella y que no quiera a mi madre. Cuando se enfada, me dice que soy un desgraciado, porque es ella quien me mantiene, y después la regaña a mi madre, diciéndole que parece que tiene miedo de que me roben. Así que mi madre y yo, cuando nos queremos besar, nos escondemos.
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...mujeres de sayas incontables y pomposas, muchachas quemadas del sol de las eras, con sus trajes de fiesta de colores rabiosos, y hombres cachazudos, con pantalón de pana que cruje al andar y zamarra de paño gordo con vueltas de piel de oveja.
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Navalcarnero es distinto de los otros pueblos. Esta muy cerca de Madrid y además es cabeza de partido. Así que en el pueblo hay muchos señoritos. Son señoritos que no pueden ser señoritos en Madrid, pero que son señoritos en el pueblo.
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Entonces muchas gentes que tenían allí a sus muertos empezaron a sacarlos y a llevárselos a otros cementerios, para que el día que se murieran ellos les pudieran enterrar juntos.
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...mendigos de barbas y piojos espesos, chiquillos todo trasero y todo tripa con los cagajones chorreando en los muslos y el botón del ombligo saliente en la bomba morena de la panza. Se llamaba el Barrio de las Injurias. (...) Allí aprendí todo lo que sé, lo bueno y lo malo. A rezar a Dios y a maldecirle. A odiar y a querer. A ver la vida cruda y desnuda, tal como es. Y a sentir el ansia infinita de subir y ayudar a subir a todos el escalón de más arriba.
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Se coge un puesto en la fila de la vida y mecánicamente se sigue detrás de los que van delante y delante de los que van detrás sin rebelarse.
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Los mundos se mueven por un camino trazado de siglos y siglos y los hombres y todos los seres nacen y mueren unos detrás de otros con una ley. A esto llamo yo Dios, en el que creo; el que ordena esto. Después de Dios sólo creo en la bondad.
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Ya sé lo que es ser el hijo de la lavandera; sé lo que es que le recuerden a uno la caridad.
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Así que resulta que hasta entre las gentes que tienen dinero hay categorías.
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- Nueve pesetas para el recibo de la casa. Dos pesetas para la Pascuala.
Las once pesetas quedan en un montoncito. Ése es el dinero más sagrado para mi madre: pagar la casa.
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Los viejos se irán despacio calle de Alcalá arriba hasta el retiro, se sentarán en un banco y mirarán a los jóvenes jugar como bestezuelas libres. Hablarán con otro de su quinta y recordarán sus tiempos de juventud. O tejerán palabras con alguna viejecilla sola, que, como ellos, va a mirar divertirse a los jóvenes, a gozar con ello y a murmurar.
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A veces, los hombres parece que hablan hacia adentro. Las palabras no salen de la boca, suenan dentro.
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Se mira las manos, sus manos roídas por la lejía.
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Voy a repasar lo que me han enseñado los viejos sobre lo que es la vida. ¡Atrás, atrás! Piensa. Mira a lo lejos. (...) Todos ellos me han enseñado a vivir. Nada de lo que me han enseñado sirve para vivir. ¡Nada! (...) Sólo el padre Joaquín una vez me dijo que creyera lo que ma pareciera bien; y aun esto le costó trabajo, como si traicionara un secreto.
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¿Es esto la vida? ¿Quitarse la comida unos a otros? ¿Comerse unos a otros?
