EL HOMBRE QUE CONFUNDIÓ A SU MUJER CON UN SOMBRERO, Oliver Sacks
¡Parecía haber confundido a su mujer con un sombrero! Ella daba la impresión de estar habituada a aquellos percances.
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Así pues, había gnosis formal pero ni rastro de gnosis personal. Y junto a esto estaba su indiferencia o ceguera, a la expresión. Un rostro es, para nosotros, una persona que mira... vemos, digamos, a la persona, a través de su persona, su rostro. Para el doctor P. no existía ninguna persona en ese sentido... no había persona exterior ni persona interior.
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Nada le parecía familiar. Visualmente se hallaba perdido en un mundo de abstracciones sin vida.
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Había pasado del realismo al arte no representativo y al arte abstracto, ciertamente, pero no era una evolución del aryista sino de la patología... evolucionaba hacia una profunda agnosia visual, en la que iba despareciendo toda capacidad de representación e imaginación, todo sentido de lo concreto, todo sentido de la realidad. Aquella serie de cuadros era una exposición trágica, que no pertenecía al arte sino a la patología.
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El doctor P. puede pues servirnos de advertencia y parábola de lo que le sucede a unaciencia que evita lo relacionado con el juicio, lo particular, lo personal y se hace exclusivamente abstracta y estadística.
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"Es un hombre sin pasado (ni futuro), atrapado en un instante sin sentido que cambia sin cesar". (...) Pero un hombre no es sólo memoria. Tiene también sentimiento, voluntad, sensibilidad, yo moral... son cosas de las que la neuropscología no puede hablar.
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En la demencia o en otras catástrofes similares, por muy grandes que sean la lesión orgánica y la disolución "humeana", persiste la posibilidad sin merma de reintegración por el arte, por la comunión, por la posibilidad de estimular el espíritu humano: Y éste puede mantenerse en lo que parece, en principio, un estado de devastación neurológica sin esperanza.
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Christina está condenada a vivir en un mundo indescriptible e incocebible... aunque quizás fuese mejor decir un "no mundo" una "nada". A veces se desmorona... no en público, sino conmigo.
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Pero hay otros sentidos (sentidos secretos, sextos sentidos, si ustedes quieren) igualmente vitales pero que no reconocemos ni celebramos.
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El anciano se quedó de pronto muy concentrado, las cejas fruncidas, los labios apretados. Se quedó inmóvil, pensando, ensimismado, ofreciendo un cuadro que me encanta: un paciente en el preciso instante en que descubre (medio intrigado, medio asombrado), en que se da cuenta por primera vez de cuál es exactamente el problema y, al mismo tiempo, qué es exactamente lo que hay que hacer. Ese es el momento terapéutico.
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A veces se pinta los labios y se maquilla la mitad derecha de la cara, olvidándose por completo de la izquierda. (...) Lo sabe intelectualmente, y piede comprenderlo, y reírse; pero le es imposible saberlo de forma directa.
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Los afásicos son increíblemente sensibles a esa expresión, a cualquier falsedad o imprpiedad en la actitud o la apariencia corporal. Y si no pueden verlo a uno (esto es particularmente notorio en el caso de los afásicos ciegos) tienen un oído infalible (...) En eso se fundamenta, pues, cu capacidad de entender... Enetender, sin palabras, lo que es auténtico y lo que no. (...) Por eso se reían tanto del discurso del Presidente.
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Qué paradoja, qué crueldad, qué ironía hay aquí... ¡La vida interior y la imaginación pueden permanecer apagadas y adormecidas si no las libera, si no las despierta, una intoxicación o una enfermedad!
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Nosotros tenemos, todos y cada uno, una historia biográfica, una narración interna, cuya continuidad, cuyo sentido es nuestra vida. Podría decirse que cada uno de nosotros edifica y vive una "narración" y que esta narración es nosotros, nuestra identidad. El individuo necesita esa narración, una narración interior continua, para mantener su identidad, su yo.
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Porque mientras que al que padece el síndrome de Korsakov lo impulsa la amnesia, la ausencia, a la víctima del síndrome de Tourette le arrastra el impulso extravagante... un impulso del que es al mismo tiempo creador y víctima, impulso que puede repudiar pero que no puede ignorar.
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Lo milagroso es que en la pervivencia, la voluntad de sobrevivir, y de sobrevivir como individuo único e inalienable, es, no cabe duda alguna, la más fuerte de nuestro yo: más que cualquier impulso, más que la enfermedad. La salud, la salud militante, es normalmente la que triunfa.
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Era una mujer inteligente, despierta, que no deliraba ni estaba loca, pero tenía una expresión absorta, remota, como si tuviese la mitad de su ser en un mundo propio. (...)
- No es fàcil conservar la calma -dijo ella- cuando se está pasando por lo que estoy pasando yo. Sé que hay silencio aquí, pero yo estiy en un océano de sonidos.
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Todos somos "exiliados de nuestro pasado", escribe y como tales necesitamos recuperarlo.
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Esta tregua duró diez años, durante los cuales vivió una vida plena, con una plenitud agradecida y consciente, porque sabía (era una chica inteligente) que tenía una "bomba de tiempo" en la cabeza.
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Y con todo esto le sobrevino una especie de emoción trémula y anhelante y una nostalgia extraña como de un mundo perdido, medio olvidado y medio recordado.
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Yo creo que todo esto puede aplicarse a los simples... con más motivo aún, pues habiendo sido simples desde el principio nunca han sido seducidos por ellos, sino que siempre han experimentado la realidad directa sin intermediarios, con una intensidad elemental y, a veces, abrumadora. (...) Los deficientes mentales pueden ser, pues, lisiados conceptualmente... pero en su capacidad para captar lo concreto y lo simbólico pueden ser plenamente iguales a cualquier individuo "normal".
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Era pues uan "retrasada mental", una "boba", una "estúpida", o eso había parecido, pero era una "retrasada" con una capacidad poética inesperada y estrañamente conmovedora.
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En consecuencia, su memoria eidética (la parte rara de él) no formaba por sí misma un "mundo" ni trsnamitía ningún sentido de él. Caracía de unidad, de sentimiento, de relación con él mismo. Era fisiológica, daba esa sensación, como un núcleo mnemotécnico o un banco de memoria, pero no formaba parte de un yo vivo real y personal.
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Lo mismo sucede, estoy convencido, en el caso de Martin... y hay que preguntarse si no pasará igual con los "sabios idiotas": que pueden ser auténticamente y creadoramente inteligentes, y no sólo poseer una "habilidad" mecánica.
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Pero podría decirse igual, y sería ciertamente más plausible, que los recuerdos de ese género no tuvieron jamás el menor carácter personal.
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Y sin embargo no se me ocurre nada que no sea también, en cierto modo, sensible...en realidad elmismo término "sentido" tiene siempre esta connotación doble.
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Lo cierto es que José desapareció del mundo, quedó "perdido para el tratamiento complementario", no sólo desde el punto de vista médico sino desde el punto de vista general, y podría haber seguido para siempre, encerrado y convulso en su habitación del sótano si no hubiese "explotado" de forma violenta en fecha muy reciente y le hubiesen llevado por primera vez al hospital.
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Lo abstracto, lo categórico, no tiene el menor interés para ela utista, para el que lo concreto, lo particular, lo singular, lo es todo. (...) Viven así no en un universo sino en un "multiuniverso" de detalles innumerables, precisos y apasionantemente intensos.
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Los autistas, por su carácter, raras veces están abiertos a influencias. Su "destino" es estar aislados, y en consecuencia ser originales.
