LA MIRADA INOCENTE, Georges Simenon
¿Era un capricho de su mamoria, una ilusión óptica? Con el tiempo tuvo la impresión de que su infancia había sido una sucesión de periodos llenos de descubrimientos y de intensa actividaed y de periodos de aletargamiento de los que no le quedaba el menor recuerdo, salvo una especie de tonalidad general, que unas veces era un velo opaco y otras una neblina luminosa.
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De hecho, si siempre estaba tan tranquilo y su sonrisa estaba tan serena, tal vez fuera porque no se plenteaba preguntas.
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No se burlaba de ellos. Tampoco los encontraba ridículos. Desde que nació, aún no había encontrado nada ridículo ni nada que no fuera digno de ser mirado con interés.
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Es cierto que ninguno de ellos era muy dado a las efusiones y que su madre había vivido a su aire, sin ocuparse mucho de sus hijos desde el momento en que fueran capaces de sostenerse en pie. Con todos. Lous descubría paulatinamente que los vínculos que unían a Gabrielle con sus hijos eran mucho más sólidos de lo que él había imaginado. No se parecían al concepto de amor materno del que había oído hablar o que enseñaban en el colegio.
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No temía recibir un balazo, ni que lo matara la explosión de un obús. Lo que le horrorizaba era la brutalidad, las órdenes gritadas con ferocidad y la obligación de cumplir lo que a uno le ordenaban sin discutir.

lizbeth dijo
estaba muy lindo
12 Octubre 2007 | 11:16 PM