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La Coctelera

escuchoconlosojos

18 Julio 2006

LOS GIRASOLES CIEGOS, Alberto Méndez

Eligió entremorir sin pasiones ni aspavientos, sin levantar la voz más allá del momento en que cruzó el campo de batalla, con las manos levantadas lo necesario para no parecer implorante y, ante un enemigo incrédulo, gritar una y otra vez "¡Soy un rendido!".

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Un desertor es un enemigo que ha dejado de serlo; un rendido es un enemigo derrotado, pero sigue siendo un enemigo.

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Fue un estudiante sin brillo pero tenaz y Jiménez de Asúa le enseñó que la Ley no tiene nada que ver con la Naturaleza, que el legislador debe tomar partido, porque es la única forma de ser igualitarios. Al poderoso le basta con el poder.

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Hemos dado crédito sin embargo a vagos recuerdos sobre frases susurradas durante ensueños angustiosos que también tienen cabidaen el horror de la verdad, aunque no sean ciertos.

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...no era el temor a la muerte lo que más le torturaba sino el pudor de que le vieran tan podrido, la vergüenza de que olieran su aliento nauseabundo o de que sus samaritanos se mancharan con la podre que segregaban sus heridas.

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Inercias de una guerra que, como otras guerras, acaban pero nunca se resuelven.

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¿Cómo puede llorar un hombre y desvanecerse al mismo tiempo?

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Quizás la muerte sea transparente. Y heladora. Durante las primeras horas he sentido la necesidad de mantener su mano entre las mías, pero poco a poco me he encontrado unos dedos sin caricias y he sentido miedo de que fuera ése el recuerdo que quedara grabado en mi piel insatisfecha.

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Pienso que ella no hubiera querido un hijo derrotado. Yo no quiero un hijo nacido de la huida. Mi hijo no quiere una vida nacida de la muerte.

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Allá donde yo vaya olerá a derrota. Y de derrota ha muerto Elena y de derrota morirá mi hijo al que todavía no he podido poner nombre.

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Siento cierto placer morboso pensando en que alguien leerá lo que escribo cuando nos encuentren muertos al niño y a mí.

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Ya no recuerdo los poemas que recitaba a los soldados. Con el hambre lo primero que se muere es la memoria. No logro escribir un solo verso y, sin embargo, en mi cabeza resuenan mil nanas para mi hijo. Todas tienen la misma letra: ¡Elena!

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El miedo, el frío, el hambre, la rabia y la soledad desalojan la ternura. Sólo regresa como un cuervo cuando oliesquea el amor y la muerte.

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El niño ha muerto y le llamaré Rafael, como mi padre. No he tenido calor suficiente para mantenerle vivo. Aprendió de su madre a morir sin aspavientos y esta mañana no ha querido escuchar mis palabras de aliento.

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Además, medallas, una panoplia de medallas que más acorazaban su pecho que lo honraban.

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Los tres soldados de custodia permanecían como estatuas al fondo del aula, no como estatuas guerreras sino con la inmovilidad de la fatiga, sin épica.

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Cuando algo es inexplicable, aventurar una razón plausible es lo mismo que mentir porque los que necesitan administrar verdades suelen llamar a la confusión mentira.

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...utilizaba como lenitivo de tanta desesperación la idea de que estaban allí por defender algo justo. A nadie le servía de consuelo, pero todos agradecían que hubiera alguien que quisiera mantener vivas aquellas almas muertas.

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Añoró a su hermano adolescente, ajeno a todo, capacitado ya para observar todos los horrores e inepto aún para incorporarlos a la vida.

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Participó en la guerra como quien juega, sólo para que no ganara el adversario, sin ideales, sin pensar en las razones de su toma de postura.

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¿Cómo se mata a un muerto? Esa idea le otorgó un gesto inesperado de altivez aunque nunca había estado más vencido.

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Juan Senra comenzó una mentira prolongada y densa que, surgida de un instante de piedad, se convirtió en el estribo de la vida. (...) Ella no quería condenar ni absolver, sólo discernir entre lo verdadero y lo falso.

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El silencio es un espacio, una oquedad donde nos refugiamos pero en el que no estamos nunca a salvo. El silencio no se termina, se rompe.

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Sabía cómo encontrar lápiz y papel para escribir otra carta a su hermano. Intuía, sin saber por qué, que disponía de más tiempo y encontró de repente cierto parecido entre la escritura y las caricias, entre las palabras y el afecto, entre la memoria y la complicidad. (...) Mientras pueda escribirte es que aún estoy vivo.

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Y aquel redactor jefe, entre jadeos, silencios y estertores, fue haciendo crónica de sus amigos, de los hombres a los que había defendido desde las columnas de su periódico, pero con esa razón profesional que le impedía hablar de sí mismo.

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Todo ha sido inútil porque no era verdad el punto de partida. Hagas lo que hagas, siempre tendrás la mitad de tu gente en contra. Es como un castigo.

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Pasaron los días y el mes de marzo fue frío y húmedo como lo es el tiempo deshabitado.

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He intentado enloquecer pero no lo he conseguido. Renuncio a seguir viviendo con toda esta tristeza.

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Cierto es que no fui ejemplo de santidad porque, ante tanto horror, los instintos son, a la postre, un ancla de la vida y es deber del soldado saber que los muertos no ganan las batallas.

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Probablemente los hechos ocurrieron como otros los cuentan, pero yo los reconozco como un solo paisaje donde viven mis recuerdos. Sigo preguntándome cómo eran los árboles cuando los plantaron o cómo era mi madre siendo joven o qué aspecto tenía yo cuando era niño. (...) pero lo que hemos perdido en el camino sigue congelado en el instante de su desparación ocupando su lugar en el pasado.

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Cuando regresé, Padre, macerado de desdicas y pecados. (...) ¡Con qué profundo arte Dios ha creado el dolor!
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...donde habitaban niños más pobres que nosotros a los que nos vinculaba un odio recíproco e injustificado, explicable sólo porque, a la sazón, era todo banderizo: las aceras, la pelota, la peonza, la goma de borrar y los amigos.

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He conservado el olor de ese escondite y lo he reconocido en las cocinas pobres, en las uñas sucias, en las miradas desgastadas, en los dehauciados por los médicos, en los humillados por la vida y en las garitas de guardia de los cuarteles. En las cárceles no huele a eso, huele a lejía y al olor que tiene el frío.

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Pudiera pensarse que mis recuerdos están al margen de la memoria del miedo, pero, a pesar del esfuerzo de mis padres para que yo no participara en aquella liturgia de temores, yo también estaba asustado por si se rompía la burbuja donde ocultábamos nuestra cotidianidad familiar y el exterior, lo de ellos, lograba penetrar en nuestro mundo arrasando nuestras ternuras silenciosas, nuestra felicidad disimulada.

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...no descubrieron que, tras el rosario de cuentas de madera, había unos goznes que abría el armario donde estaba escondido un hombre angustiado por si no lograba contener el llanto.

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Poco a poco se fue empequeñeciendo, agachando cada vez más la cabeza. El hombre pulcro que había sido se fue desvaneciendo en días sin afeitar, en aspectos desaseados, en desganas plomizas y en ensimismamientos impenetrables.

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La vida de Ricardo se había resuelto como la del aire: estaba pero no ocupaba lugar en el espacio.

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Ricardo dudó un instante antes de arrojarse a aquel patio del que llevaba tanto tiempo protegiéndose. Se tomó, ya vencido hacia el vacío, el tiempo suficiente para mirar a Elena y a su hijo con una sonrisa triste como las que suelen usarse en las despedidas tristes.

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Sobre mí

Retirado en la paz de estos desiertos,
con pocos, pero doctos libros juntos,
vivo en conversación con los difuntos
y escucho con mis ojos a los muertos.

Desde la torre, Quevedo

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