CARTAS DE UN ASESINO INSIGNIFICANTE, José Carlos Somoza
Ya te dije en una ocasión que padezco de una especie de claustrofobia social, y no soporto la asfixia de dos o más personas hablando a mi alreredor.
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Así ocurre, según creo, con todos los hombres olitarios: que dejan de serlo en cuanto descubren a una mujer solitaria.
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...en Roquedal no existe la soldedad exacta pues sobra siempre un resto de presencias: un ladrido suelto de perro invisible desde un patio, el maternal desoeden de unas gallinas o las sombras aristadas y fugaces de las palomas.
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Los fantasmas no existen, pero los recuedos sí, y poseen idéntica apariencia.
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Recuerde que "perder el tiempo" es una injustísima metáfora de la muerte.
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...se me ocurre que la nuestra es la mejor comunicación a la que pueden aspirar dos personas: lejos entre sí, sabiendo que el encuentro es imposible pero llenando el vació con palabras que no tienen destino.
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Porque las leyendas en Roquedal no desaparecen: se retiran como las olas, pero vuelven.
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...y por fin Javier experimentó la tristeza inmensa de comprobar que ella no necesitaba eludirlo par ignorarlo.
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Sinceramente, creo que usted y yo formamos parte de la soledad del mar: usted es la ola que se aproxima; yo, la que se retira.
