PROVOCACIÓN, Stanislaw Lem
Quien se ocupa de la salud del hombre no puede desdeñar una enfermedad mortal y excluirla del campo de sus estudios, y quien se dedica al ser humano no puede sustraer el genocidio de la problemática existencial. Si lo hiciera, anularía toda su obra. (...) Los cómplices son todos aquellos que aceptan la devaluación del genocidio en el orden de la existencia humana.
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La caracterización del nazismo se sumerge en un laberinto de diagnósticos, unos compatibles y otros contradictorios entre sí, porque sus crímenes son triviales en la superficie, pero su sentido más profundo es secretamente perverso.
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Frente al crime industrializado se vuelven completamente inútiles las categorías tradicionales de culpa y castigo, de memoria y perdón, de contrición y venganza, algo que todos secretamente sabemos ante este océano de muerte en el que estaba sumergido el nazismo, puesto que ninguno de los asesinos, ni de los inocentes, es capaz de concebir en toda su magnitud el significado de las palabras "millones, millones, millones fueron asesinados".
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No digo que cada uno tenga un Hitler econdido dentro, sino que Hitler, ante la historia, dejaba su decencia privada a un lado; esa decencia, siendo como era muy amanerada, muy de la pequeña burgeusía, no le servía de nada en la política: allí no respetaba ningún limite, puesto que aquella honradez suya se basaba en la conveniencia y no en principios moralñes. Hitler, o carecía de ellos, o los tenía por nada frente a sus grandes visiones, que se convertían, una tras otra, en montañas de cadáveres.
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La matanza se convirtió en una sentencia de justicia hisórica y los saqueos en pura gloria de guerra, ya que podían ennoblecer todas sus atrocidades y monstruosidades mediante un nuevo bautizo y declararlas impunes.
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Aún no ha aparecido un diario de alguno de los verdugos, ni siquiera una relación anónima de sus experiencias. ¿Cómo explicar este silencio tan absoluto, tan contrario a la natural inclinación humana de perpetuar los recuerdos más intensos, o por lo menos los más extraordinarios, los que no están al alcance de todo el mundo?
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A estas alturas, vemos claramente hasta qué grado los judíos representaban para los alemanes un "aunto personal", un ajuste de cuentas que nadie debía arreglar por ellos. (...) Esto significa que, tal y como lo entendían los mismos autores del crimen, el genocidio traspasó las categorías de represalia y de venganza que proclamaban, ya que era algo más: era su misión histórica. (...) Como si, al no poder matar a Dios, los alemanes mataran a su "pueblo elegido" para ocupar su sitio y, tras un destronamiento sangriento in effigie, autoproclamarse como el "pueblo elegido" de la historia.
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Para convertir a los judíos en un enemigo lo bastante monstruoso, era necesario acrecentar su papel en el mundo hasta sobrespasar los límites de la credibilidad; así se inició un razonamiento paralógico que llevó a la demonización total de los judíos.
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Detrás del proclamado respeto hacia la vida se esconde el miedo como un sentimiento de impotencia, de indefensión, y, por consiguiente, de inutilidad paralizadora ante la muerte.
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Todo puede ser superficial y mal cosido, como el empeño -tanto de los nazis como de los terroristas- en evitar las ejecuciones inmediatas, porque matar en el acto es un rasgo típico del simple asesinato, mientras que allí se trataba de su legitimación. (...) No obstante, los condenados nunca han sido ni son verdaderamente juzgados. Su culpa máxima siempre es conocida de antemano. En esta infalibilidad, el terrorismo iguala a ese papismo del genocidio que pretendía ser el nacionalsocialismo.

septiembre dijo
Magnífico libro, lo leí hace unos días y también me pareció fabuloso el prólogo de David Torres.
un abrazo
3 Mayo 2006 | 09:09 AM